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miradas de juventud

Enlace permanente 21 de Julio, 2005, 18:34

ENFOQUES Y MIRADAS DE LAS JUVENTUDES

Napoleón Mamani Pacheco[1]

1. INTRODUCCIÓN

A través de la historia, las sociedades han ido construyendo nociones y conceptos que definen a la gente y la ubican en determinados lugares sociales. Dichos lugares implican un acceso diferenciado entre las personas a la toma de decisiones, a la autonomía y la posibilidad de desarrollo.

Desde la segunda mitad del siglo veinte se desarrollaron corrientes de pensamiento que cuestionaron la supuesta «base natural» de estas nociones y conceptos (definida por su proceso psicobiológico, independientemente de los condicionamientos históricos, económicos y culturales que la producen), entre los que se incluyen el género, la etnia, la preferencia sexo-afectiva y la juventud, entre otras. Estas perspectivas aportan a lo que se conoce como «construcción social de la realidad», noción que posibilita ver al sujeto como activo y capaz de transformar, deconstruir y construir las explicaciones que existen sobre él o ella y sobre su mundo.

De esta manera, desde estas perspectivas se afirma que la juventud ha sido «entendida» y «explicada» desde diferentes posturas que implican determinados discursos y prácticas, que son producidos y reproducidos por diversas instituciones como el Estado, la Iglesia, la familia, los medios de comunicación, la academia, entre otros.

Para ubicar de manera clara en qué consiste la construcción social de la juventud y reflexionar sobre las implicaciones que ésta tiene para la vida de las personas consideradas «jóvenes», en este artículo nos enfocaremos en cómo se ha hecho esta construcción desde uno de los espacios sociales más reconocidos en tanto a la legitimidad del discurso que produce: la academia.

En particular en los últimos dos siglos, la academia ha sido el lugar en donde se ha desarrollado el conocimiento «científico», reconocido como el conocimiento válido y supuestamente neutral, el cual ha servido generalmente como base para legitimar prácticas y mecanismos de control hacia la gente joven.

Tal y como lo señala Gloria Bonder «la investigación con-temporánea sobre juventud al igual que otros temas sociales conforma un campo de lucha simbólica y política en el que las distintas perspectivas pugnan por posicionarse como referentes válidos en la construcción de discursos legítimos». Bonder afirma que es importante reconocer que inevitablemente estas producciones científicas «expresan también los miedos, la envidia, el voyeurismo, la idealización y la nostalgia de los adultos; quienes se vinculan con este estadio de edad como algo, simultáneamente, extraño y familiar. Sin duda, ese vínculo también juega a la hora de definir sus rasgos y sobre todo interpretarlos» (Bonder, 1999:174).

2. CONSTRUCCIÓN DE LA JUVENTUD DESDE LA ACADEMIA

Bonder afirma que toda la investigación desarrollada sobre la juventud, está relacionada con una trama de relaciones de poder sociales, y dispositivos de control de las y los jóvenes (Bonder, 1999).De esta manea es importante poder ubicar cuáles han sido las principales disciplinas y corrientes teóricas que han «explicado» la juventud, para poder comprender cómo éstas, según Griffin, han jugado un papel determinante en la construcción de significaciones, valores y afirmaciones de «sentido común» del mundo académico sobre la juventud. Asimismo, señala la autora, las investigaciones desarrolladas sobre juventud, han servido para legitimar normas y prácticas de disciplinamiento dirigidas a las y los jóvenes.

Algo que hay que tomar en cuenta es el debate que existe en torno a las diferencias entre adolescencia y juventud. En algunas teorías estos conceptos son manejados como sinónimos y en otras se hacen distinciones a partir de elementos relacionados con cambios psicofísicos o con determinados momentos significativos que comúnmente se presentan en ese momento de la vida (el inicio de la vida sexual, la elección de proyecto de vida, etc.). Para efectos de este artículo se decidió hacer referencia de manera indistinta a ambos conceptos, respetando la forma en que cada autor o autora citados/as se refieren a los mismos.

Asimismo es importante destacar que las teorías sobre juventud corresponden también a las visiones predominantes sobre la concepción del ser humano, y a la situación política, económica y social existente en el momento en el que la teoría en cuestión fue desarrollada. Además es un proceso de vaivén donde posturas que nacieron hace treinta o cuarenta años después, retoman fuerza años o décadas después, pues responden al momento histórico político vigente.

A continuación se presenta un breve recorrido (que no pretende ser exhaustivo) sobre algunas de las principales aproximaciones teóricas del estudio de la juventud, desde distintas disciplinas que en diferentes momentos históricos se han disputado la batuta para definir el «saber» sobre los y las jóvenes.

a) Juventud como etapa del desarrollo psicobiológico humano

Primero hay que ubicar a una de las perspectivas que ha tenido mayor impacto en el imaginario social sobre la vida de las personas jóvenes: la juventud como problema, como etapa de crisis y presencia común de patologías. Esta perspectiva ha implicado una visión de la adolescencia y la juventud como un momento de «riesgo» o «peligro» en cuanto a la constitución de una personalidad sana, no patológica.

Desde esta perspectiva se han realizado numerosos estudios, principalmente sobre poblaciones jóvenes en espacios clínicos, a partir de los cuales, se desarrollaron teorías que intentan explicar la adolescencia definiendo una serie de características universales sobre esta etapa. Por ejemplo, Hall afirma que la adolescencia es un proceso de transición dominado por la angustia, la confusión y los estados anímicos cambiantes. Al ser vista de esta manera, como un momento de riesgo y peligro, la cuestión de la sexualidad se torna sumamente importante como espacio de control para una «sana» constitución del sujeto. Ana Freud resalta en sus investigaciones la importancia de ejercer control sobre los impulsos sexuales en el adolescente, especialmente la masturbación, para establecer el orden y la autodisciplina como claves para una vida adulta provechosa.

Tanto Hall como Ana Freud, influida por éste, definieron a la juventud como un fenómeno universal caracterizado por una serie de cambios físicos y psicológicos, por fenómenos de rebelión y diferenciación de la familia de origen (la que representan exclusivamente como nuclear), que marcaban el pasaje de la infancia a la vida adulta «normal» signada por la conducta heterosexual, la formación de la propia familia y la integración productiva al mundo social (Bonder, 1999). Aberasturi (1985) afirma a su vez que la adolescencia es un período de contradicciones, confuso, ambivalente, doloroso, que se caracteriza por fricciones con el medio familiar y social.

b) Juventud como momento clave para la integración social

Otra perspectiva sobre la juventud, la cual fue desarrollada en gran medida a mediados del siglo XX, es la de la juventud como una etapa en la cual la gente joven debe formarse y adquirir todos los valores y habilidades para una vida adulta productiva y bien integrada socialmente. Al igual que en la perspectiva anterior, la juventud es ubicada como «proceso de transición».

Un autor destacado en esta perspectiva es Erikson (1951), que aunque retoma elementos de la perspectiva anterior, pone énfasis en la importancia de la adolescencia como espacio de aprendizaje y como potencial de desarrollo e integración. Este autor desarrolla la noción de moratoria como signo distintivo de esta fase de la vida y la descripción de los procesos emocionales y de aprendizaje social que convergen a la constitución de la identidad juvenil.

Hacia 1990, Morch elabora una crítica a la teoría clásica de Erikson. Para este autor, la juventud como concepto moderno está directamente relacionado con la existencia de determinadas «estructuras de actividad» específicas en las que los individuos, deben ubicarse. Estas estructuras (escuela, trabajo, tiempo libre, etc.) están organizadas socialmente para dar respuesta a las necesidades de desarrollo de la individuación societal.

En esta concepción, la juventud es concebida como un «status» que se adquiere a través de la adecuación de los individuos a determinadas actividades socialmente definidas. Desde este punto de vista, podrían haber personas cronológicamente jóvenes pero que, no obstante, no desarrollan su juventud; o bien, adultos que desarrollan comportamientos típicamente juveniles. Según Bonder, ésta es una propuesta más bien estructuralista, los actores deben ajustarse a las estructuras de actividad, y por lo tanto, procurar resolver las contradicciones emergentes entre las posibilidades y restricciones.

c) Juventud como dato sociodemográfico

Una perspectiva que permeó sobre todo los estudios de juventud desarrollados en la segunda mitad del siglo XX, ubicaron a la juventud como grupo de edad (sobre el cual todavía no hay un consenso claro, en términos de su definición etárea), vista principalmente desde un punto de vista poblacional. Los ejemplos típicos desarrollados desde esta perspectiva han sido principalmente sociodemográficos, cuya presencia se multiplicó particularmente a partir de la crisis poblacional de los años sesenta y setenta, y hasta nuestros días.

Los y las jóvenes se convierten aquí en un grupo homogéneo integrado por todas las personas que coinciden en un grupo de edad definido por cortes que en algunos casos resultan arbitrarios o en otros responden a intereses de control poblacional o de inserción productiva. Las personas jóvenes son ubicadas principalmente como un dato estadístico. Estos estudios generalizan características o comportamientos a toda la gente joven, invisibilizando la diversidad de condiciones, necesidades y realidades. Algunos estudios realizados desde esta perspectiva son los de empleo juvenil (Zepeda, 1993), fecundidad en adolescentes (Welti, 1989), entre otros.

La definición de soluciones a la problemática que parten de estos estudios no consideran normalmente la condición de género de las mujeres jóvenes, por ejemplo, las propuestas de políticas de capacitación para el empleo ignoran el hecho que las jóvenes cumplen en la mayoría de los casos roles tradicionales en la familia (asumiendo tareas reproductivas o de trabajo doméstico) o no tienen la misma disposición de tiempo o posibilidad de movilidad que los hombres jóvenes.

d) Juventud como agente de cambio

Esta es una línea de investigación de la juventud influenciada fuertemente por el materialismo histórico. Los estudios realizados desde esta perspectiva tienden a tener una visión muy idealista de la juventud, ubicando a este grupo como «agentes» y como motores de la revolución, destacando y reconociendo su aporte en procesos de cambio social significativos (el Mayo francés, el movimiento estudiantil en Estados Unidos, la revolución cubana, el movimiento pacifista, etc.). Algo significativo en estos estudios es el cambio de visión sobre los jóvenes, que tiende a ser más positivo que algunas de las perspectivas anteriores. Sin embargo, pareciera que en esta perspectiva se deposita en la juventud la esperanza de cambio de la realidad social imperante.

Para ejemplificar esto, Bonder cita a Clarke (1975) que señala que «la juventud se transforma en la metáfora de tratamiento de la crisis en la sociedad, en el indicador sobre el estado de las naciones, del ciclo de altas y bajas de la economía, los cambios de valores culturales de la sexualidad, la moral, la familia, las relaciones de clase y las estructuras ocupacionales». De modo que a partir de esto, se espera que la juventud proporcione «las soluciones a los problemas de la nación ya que se considera que los jóvenes portan la llave del futuro del país».

e) Juventud como problema de desarrollo

Otra perspectiva que ha estado cercanamente vinculada con el desarrollo de políticas públicas de juventud en América Latina, tiene que ver con la definición de la juventud como problema de desarrollo, debido a la alta incidencia de desempleo en este grupo, o del consumo de drogas ilícitas, el número embarazos adolescentes, entre otros (Ferraroti, 1981).

Estos estudios tienden a enfocarse en problemas más «macro» del desarrollo socioeconómico de los países (desempleo, tasas de fertilidad y crecimiento poblacional, migración e inmigración, nivel educativo, etc.) y retoman en muchos casos el enfoque sociodemográfico, pero van más allá que los estudios meramente estadísticos. Se enfocan principalmente al desarrollo de propuestas para «integrar socialmente» a la población juvenil a la sociedad, proponiendo bases para el desarrollo de políticas públicas dirigidas a este sector. Por ejemplo, Touraine afirma que desde una propuesta política más humana se debería considerar como inversión importante la inserción de los y las jóvenes en el desarrollo social (Touraine en Rovirosa, 1988).

Sin embargo, a diferencia de la perspectiva sociodemográfica, estos estudios retoman las particularidades regionales o subregionales, e incluso nacionales que enfrentan los jóvenes. Estos estudios tienden a ser sumamente institucionales y financiados normalmente por instancias públicas encargadas de la juventud. Un autor que ha elaborado diversos estudios, como base para el desarrollo de políticas de juventud en América Latina desde esta perspectiva, es Ernesto Rodríguez (1995a, 1995b).

f) Juventud y generaciones

Esta perspectiva tiende a ubicar a la población joven a partir de sucesos históricos significativos que sirven para identificar los referentes inmediatos a la gente joven de determinada época. En este caso, la juventud es definida como un grupo generacional, que desde esta visión puede compararse con otras generaciones de jóvenes (que obviamente ya no lo son más). El concepto de generación ha servido para construir algunos estereotipos sobre la gente joven de determina-da época, por ejemplo, la «generación perdida» (Rosas, 1993) y «generación X» (década de los noventa), «generación escéptica» (finales de los noventa), «generación de la red» (principios siglo XXI).

Al igual que con la perspectiva sociodemográfica, ésta tiende a homogeneizar a la gente joven, ubicando características comunes en todas las personas que están ubicadas en la generación joven del momento. El concepto de «generación X», desarrollado por un autor estadounidense, produjo toda una serie de caracterizaciones sobre la generación de principios de los noventa, que se extendieron a las juventudes de diversos países, que obviamente, vivía en contextos y condiciones muy distintas a los jóvenes que inspiraron el libro del mismo nombre y que da cuenta de una realidad de un sector de jóvenes en Estados Unidos: «generación X» (Coupland, 1993).

g) Juventud como construcción sociocultural

Una última perspectiva tiene que ver con aproximaciones teóricas más recientes, desarrolladas sobre todo en los últimos treinta años que ubican a la juventud como una construcción sociocultural. La mayoría de estos estudios realizados desde esta perspectiva han sido desarrollados desde la antropología y la sociología, donde se retoman aportes de Park, Trasher y Mead (quien desde los años veinte rompió con la tradición de ver a la juventud como algo universal, definiéndola más bien como una categoría cultural), entre otros. Desde estas disciplinas se han hecho algunos de los aportes más importantes a la desmitificación de los prejuicios existentes en diferentes teorías sociológicas y psicológicas, que desmedicalizaron y desmitificaron la juventud, ubicándola en su contexto histórico y cultural. Los estudios socioculturales resaltan la diversidad de formas de expresión de lo juvenil (culturas juveniles), y subrayan la diversidad de lo juvenil (identidades juveniles).

Además, se han desarrollado estudios en Europa, Estados Unidos y también en América Latina que ponen énfasis en dos dimensiones particulares de lo juvenil: por un lado, la identidad o identidades juveniles como resultado de un proceso de construcción socio-cultural; por el otro, las culturas juveniles como expresiones diversas de la población que se identifica a sí misma como joven.

3. LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE LAS JUVENTUDES

Recapitulando este recorrido sobre las diversas perspectivas teóricas de aproximación a la juventud y el análisis de algunas implicaciones que éstas tienen sobre la vida de las personas jóvenes, en especial en la de las mujeres jóvenes en los distintos espacios donde se mueven: la calle, la familia, el trabajo, la escuela, la vida política, las organizaciones, entre otros; podemos ver que hay una lógica que predomina en la mayoría de ellas. Retomando algunos aportes de Duarte y Bonder, pero añadiendo algunos elementos que consideramos fundamentales, diremos que estas perspectivas comparten en una mayoría de los casos, las siguientes características al ser generalmente:

Homogeneizantes: lo cual implica asumir que las personas jóvenes tienen características, necesidades, visiones o condiciones de vida iguales y homogéneas. A partir de esta lógica se pueden plantear explicaciones o soluciones que son generalizables a toda la población joven, sin tomar en cuenta su diversidad.

Estigmatizantes: por un lado, a partir de ciertos estereotipos y prejuicios construidos por resultados de las investigaciones realizadas, se estigmatiza a las personas consideradas como jóvenes, o grupos particulares de jóvenes. Por otro lado, a partir de considerar determinados estigmas sobre las personas jóvenes como «naturales» o  como dados, se desarrollan investigaciones que permiten la confirmación «científica» de dichos prejuicios.

Invisibilizadoras de las mujeres jóvenes: se asume (desde una perspectiva claramente androcéntrica) que las mujeres jóvenes están contenidas en el genérico «jóvenes», por lo que al hacer afirmaciones o estudios sobre «la juventud» no se toman en cuenta sus especificidades y la diversidad de condiciones en las que ellas viven.

Desvalorizantes de lo femenino: se desvalorizan en un gran número de estudios las necesidades, formas de expresión y vinculación de las jóvenes y cuando se pretende dar cuenta de su realidad, se hace a partir de aquellos aspectos que tienen ver con sus roles tradicionales de género. De este modo, cuando se nombra a las mujeres jóvenes, en la mayoría de los casos es para reproducir las condiciones de desigualdad genérica de las que son objeto.

Negadoras o no explicitadoras de la subjetividad de quien investiga: son pocas las personas que realizan investigación sobre juventud, que trabajan, reconocen y dan cuenta de manera explícita de la carga subjetiva (en términos de valoraciones, relaciones afectivas, etc., con esta temática y población en concreto) desde la cual realizan su trabajo. Por ejemplo, investigadores/as que son o padres o madres o tienen una relación afectiva cercana con personas jóvenes al momento de desarrollar la investigación; investigadores/as jóvenes con imaginarios propios sobre las otras personas jóvenes; o como investigadores adultos/as con un imaginario sobre lo juvenil a partir de lo que fue su propia vivencia de la juventud, etc.

Adultocentristas: el parámetro de validez de muchos de los estudios sobre juventud es legitimado desde el mundo adulto. Asimismo, muchos estudios son realizados por personas (adultas o jóvenes) que consideran que desde su lugar (como investigadores/as) saben lo que piensan, necesitan o sienten las personas jóvenes, sin tomar en cuenta la opinión de las y los jóvenes; o si lo hacen, las utilizan para ilustrar o ejemplificar conclusiones predeterminadas en sus estudios.

En síntesis, es importante destacar la necesidad de realizar una lectura histórico-crítica de las diversas perspectivas sobre la juventud, lectura que significa partir que el género, la juventud, la raza, la etnia, la preferencia sexo-afectiva, entre otras, implican condiciones sociales que no son «naturales» o inamovibles, sino que son construcciones sociales.

Significa asumir que la juventud permanentemente se está construyendo y re-construyendo, históricamente. Cada sociedad define a la «juventud» a partir de sus propios parámetros culturales, sociales, políticos y económicos, por lo que no hay una definición única. Por tanto, las perspectivas tradicionales sobre la juventud se pueden transformar, de-construir y re-construir.

Por último, en esta recapitulación se han tratado de ubicar las implicaciones que las diversas perspectivas teóricas expuestas tienen para la gente joven, en los diversos ámbitos o dimensiones en los que viven o se desarrollan: la familia, la escuela, el trabajo, el ejercicio de su sexualidad, la participación de la vida pública, entre otros. Este tipo de análisis puede realizarse con respecto a cualquier institución social (el Estado, los medios de comunicación, la familia, la escuela, la Iglesia, etc.), partiendo de la base que cualquier discurso producido por alguna de estas instituciones, tiene implicaciones diversas sobre la vida de las personas jóvenes.

Ninguna institución social produce un discurso neutro sobre la juventud, todas llevan implícitas elementos valorativos de las distintas perspectivas analizadas. Es importante tener en cuenta que los discursos de las diferentes instituciones se cruzan, se complementan y se contradicen unos a otros y que las contradicciones o afinidades que surgen de este proceso se ven reflejadas también en la forma en que las personas jóvenes concretas construyen su propia definición y/o vivencia de lo juvenil. Todos estos discursos institucionales compiten de diversas formas entre sí por establecer su hegemonía en la definición del «deber ser» o en la explicación de la juventud.



[1] Miembro del Concejo de Participación de la Juventud CPJ-CONAJU

este es una síntesis del libro  "LA CONSTRUCCIÓN ACTUAL DE LA JUVENTUD"

CIDPA, Noviembre - 2003

de LYDIA ALPÍZAR: artemisaac@prodigy.net.mx.

y MARINA BERNAL: artemisaac@prodigy.net.mx.

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